sábado, 17 de mayo de 2008

EL ENTELADO













A petición del público, quieren que siga con temas de restauración. Puede ser que muchos tengan la necesidad de que se le aclaren las ideas sobre un mundo que para algunos comienza y para otros continúa aumentando con nuevas iniciativas, a veces novedosas y otras no tanto. Esta es una profesión que se ha valorado poco, conociendo los riesgos que conllevan y el poco apoyo que siempre ha tenido por el mundo académico. Es ingrato escuchar a profesionales que llevan ya muchos años, y algunos no tanto, juicios extraños que se fundamentan en criterios que han tenido una lectura equivocada. Esto ha dividido la profesión en dos mitades: los intervencionistas y los de sillón. Es decir, los que verdaderamente restauran con ideas correctas y actuaciones con apoyo científico y los que quiero denominar de sillón. Estos últimos son aquellos que se sientan y meditan como debemos trabajar los que intervenimos verdaderamente y ellos nunca lo hacen, son los que realizarán posteriormente críticas desaforadas ante cualquier propuesta y que desconocen profundamente el antes. En esta espécimen hay historiadores de arte sin escrúpulos, químicos y otras profesiones que se adentran en nuestro mundo realizando juicios de valor, que finalizan en una endemoniada crítica a la que se acompaña de unos pequeños toques sobre la teoría del gusto. Son, en definitiva, los que provocarán los celos profesionales, las dudas y la confusión entre nosotros. Son los que se pasean por las obras y con una mano señalan la obra restaurada y con la otra golpean las Cartas del Restauro, las teorías de Brandi o las Leyes de Patrimonio, como si estas fuesen los Diez Mandamientos o el cerco moral de nuestra existencia profesional. Con ello intentan que al asustarnos demos varios pasos atrás y huir de la infamia. Otras veces están los funcionarios que te están diciendo constantemente que han hecho una oposición y saben perfectamente como debes trabajar, pero al final te das cuenta que todo lo que hacen es gestionar papeles y hacer de correctores literarios de tus textos. Por eso me siento feliz en los proyectos que te sientes seguro y con los profesionales que entienden perfectamente lo que estas haciendo.
Ahora estoy realizando una restauración en el Caribe. Es una de las cosas que sueñan muchos, pero lo he conseguido, llevo tres años con el tema y estoy logrando unos resultados sorprendentes, por cierto aún no conozco sus playas. Un proyecto de esta envergadura no se realiza solo, por esto tengo que agradecer al equipo que me apoya: Andrés, Alberto, Miguel, embajador Jesús, Clipton, Thalia, Father Ken y el Arzobispo Lawrance y otros que estan a mi lado: ¡Qué valor y fuerza juvenil!, parece que son los que verdaderamente me dan fuerzas que a veces creo que he perdido. Después de mi experiencia en Egipto con una escuela de restauración, he logrado lo inexplicable, una escuela de formación teórico-práctica en el Caribe, funciona estupendamente.
Os insertaré en estos días algunas fotos.
Bueno, os iré también escribiendo sobre el entelado y que me han pedido algunos compañeros, por lo pronto va aquí la primera parte:

EL ENTELADO. ¿ Qué es y cuándo?
La valoración que se da a un entelado es subjetiva, con frecuencia para algunos restauradores es un hecho cotidiano. Creen erróneamente que es un método dentro de la conservación preventiva, por lo que siempre será necesario un entelado como método de fijación de la capa pictórica. Además, creen que con ello se reforzará y consolidará el soporte con una tela nueva, lográndose posteriormente con el planchado de la superficie pictórica un sistema más acorde para la realización de una limpieza adecuada. Pero la controversia que provoca desde antiguo este método nos debería lógicamente hacernos más cautos. El que su realización convenga debe ser estudiada con especial precaución y desde luego, definida como irremediable. Es decir, solamente se efectuará un entelado cuando en el soporte se han detectado: deterioros intrínsecos como la humedad, fatiga de los materiales que lo compone por el tiempo, etc., o extrínsecas, como las efectuadas por la mano del hombre, desgarros, bastidores inadecuados, traslados, etc. Entendiendo que el deterioro, cualesquiera que sea su procedencia, ha determinado que el lienzo sea un soporte afectado irremediablemente por el deterioro y al ser el que sustenta la pintura pondrá en peligro la conservación de la obra, pero decir que no existe soporte o que está completamente perdido es muchas veces relativo.
(Hasta ahora estoy utilizando el término entelado, siguiendo la explicación de Marijnissen que dice: Esta operación es más un entelado, porque el soporte de tela original permanece. Creo que es la palabra adecuada y no reentelado.)
George L. Stout describe el entelado en varias fases de una forma bastante sencilla:
· Aplicación de un papel a la superficie de la pintura con un ligero adhesivo de pasta. (No hace falta decir que la pintura debe haber sido concienzudamente examinada antes y que debe obtenerse la certidumbre que sea resistente a la humedad que implica esta operación).
· Supresión del lienzo del entelado viejo, caso de estar forrado el cuadro; Una vez eliminado, limpieza mecánica del reverso de la tela original y extracción de cualquier exceso de cola antigua que pueda quedar.
· Colocación de la nueva tela sobre la original, con un adhesivo de cera - generalmente se añade a la cera una pequeña proporción de resina - conservando el adhesivo fluido con calor moderado. (En países secos se utiliza la denominada gacha de harina)
· Clavado de ambas telas en el bastidor, eliminación del exceso de cera que aparezca en la cara de la pintura y por último realización de los tratamientos que sean requeridos en cada caso. En el caso de la gacha de harina se realizará identicamente y que ya explicaré en otras páginas.
Los italianos establecen su ejecución, si el soporte de lienzo se encuentra dentro de unos ciertos requisitos, y se efectúa según el grado de deterioro.

Tela oxidada, quebradiza, debilitada y desgarrada.
Deformaciones de la tela debida a tensiones diversas.
Cuando la tela ha cedido y no puede corregirse.
Pérdida de adhesión entre tela, preparación y color.
Separación o caída de la preparación y de la capa pictórica
Anterior entelado en mal estado

En el libro de Gino Piva, publicado en 1959, nos indica siete puntos para los casos que son necesarias los entelados:
1. Cuando la tela, por cualquier causa ha perdido su resistencia.
2. Cuando sin estar destensadas suficientemente se arrugó.
3. Cuando se secó por clima atmosférico circundante y perdió toda su flexibilidad.
4. Cuando ha sido desgarrada.
5. Cuando el color está rizado.
6. Cuando la pintura se separa del medium.
7. Cuando la preparación de yeso y perdida su fuerza de cohesión se pulveriza junto al color y cae.

Es en la Carta de 1987 de la Conservación y restauración de los objetos de Arte y Cutura cuando nos previene sobre la cuestión de los entelados y en uno de sus apartados dice:
Previsiones para actuar en la ejecución de intervenciones conservadoras.
Cuando el soporte de una pintura es una tela, es oportuno no decidir a priori que el entelado sea la única operación que haya que realizarse. En caso que la tela no presente lesiones sino solamente un destensado, para tensarlo será suficiente actuar sobre los propios sistemas que tenga. Si los bordes están debilitados éstos pueden reforzarse con tiras de tela que no sobrepasen mucho el borde del bastidor.
Por el contrario, cuando la operación de entelado sea necesaria, se debe evitar adhesivos no reversibles, con presiones excesivas y temperaturas elevadas que puedan dañar la película pictórica. No se debe aplicar un soporte rígido en una pintura sobre tela. Los bastidores deben ser concebidos de tal manera que aseguren la tensión justa que podrá ser conservada de forma sencilla a través de los métodos acostumbrados, procurando que quede siempre un resto adecuado de la tela del forro para eventuales y sucesivas sustituciones del bastidor o para operaciones de tensión.

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