domingo, 29 de marzo de 2009

LOS PINCELES DE LOS ANTIGUOS PINTORES

Foto inédita de la falsa ventana de la sacristía de la Catedral de Toledo donde se puede ver a Lucas Jordan, su nieto y el ayudante con los planos, pinceles y brochas que utilizó



Existen muy pocos comentarios sobre los pinceles que se utilizaban antiguamente, pero se conoce por varios tratados que se fabricaban de diversas clases y formas. Cennini comenta que se debe utilizar dos tipos de pinceles, los de pelo de cerdo, (cerdas) para pintura mural y los pinceles de pelo de ardilla. Estos se introducen atados en un cañón de metal que se sostenía en un mango de madera o como en el segundo caso introducido en el cañón de la pluma de un ave, más o menos como los conocemos actualmente. También en el manuscrito de Mayerne se encuentran varios pasajes que los describen:

Son sujetos a se comidos y reducidos a polvo por la termita, cosa que se puede prevenir si se conservan en la flor de luppolo, o en hierbas amargas como el Assenzio, la Centaura…., el Hypericon, el polvo del tabaco que con su humo soplado en los agujeros mata e impide que estos animales nazcan. Suavizar vuestros pinceles en un poco de aceite de espliego y la termita no entrará nunca.
Cuando suspendéis el Trabajo a óleo, suavizar vuestros pinceles precedentemente bien limpios en aceite de oliva y cuando queráis usarlos, lavarlos con jabón negro y agua caliente.
Los paisajes se abocetan con brochitas de pelo de cerdo, de la más delicada que se puedan encontrar, cuando se interrumpe el trabajo se introducen en agua por miedo a que se sequen. Si se secan, es necesario lavarlos solamente con el jabón molle y esto es lo mejor que nada.
Para hacer las hojas de los árboles, por ejemplo aquellas más grandes, es necesario tener los pinceles de pexe (
foca
) de punta gruesa y flexible.
(
Nota al margen
) Frotar el borde de vuestra caja todo entorno con cebolla y la termita no entrarán nunca. De un mercante de pinceles.
Un pedazo de cuero de España perfumado metido en la caja.
Las brochas elásticas y suaves. Después que se han hecho con buen pelo o seda de cerdo, es necesario ablandarlos usándolo y frotándolo sobre una tela, así continuando hasta que esté fina y suave como queráis.
Más adelante encontramos más recomendaciones:
La mayor parte de los colores se mueren porque se ha equivocado al limpiar bien los pinceles. Es por esto por lo que los pintores que quieran hacer una obra de cualquier relieve, en primer lugar un retrato al natural, debe siempre tener pinceles nuevos.
Es necesario tener brochas particularmente para el azul, que no toquen otros colores, y que después de haber trabajado sean puestas y continuamente puestas en agua.
Los otros pinceles después estar bien limpios se conserven en el óleo o continuamente conservados con ello.
Los pinceles de pelos de pexe no deben esparcirse para unirse por la punta, sobre todo cuando los mojamos, es necesario que los pelos sean iguales.
Todos los buenos pinceles tienen que ser firmes y volverse a unir cuando lo separáis con la punta del dedo. Aquellos que se separan y permanecen así son blandos y no valen nada.

Francisco Pacheco recomienda varios tipos de pincel cuando se pinta al temple:

Ultimamente, las brochas, trinchetas (brocha delgada) y pinceles que se usan en el temple son de ordinario de seda, como las escobillas, de que hacen grandes y pequeños, y, por marivilla, se usa de pinceles de punta, si no fuese para ojos y bocas, o cosas sutiles. Los más ásperos se acomodan mejor en la pintura de los lienzos; los más blandos, sobre tablas y sobre pared, donde podrán servir los de cabra, de pexe (foca), o de meloncillo y algunos de punta.

Comprobamos que los pinceles tienen diversas formas, cuando dice algunos de punta, sabemos que era común los redondeados, y cosa curiosa de meloncillo que aún se utiliza. Más adelante, en el capítulo V, <> y en el consejo particular sobre los azules:

…. Y vuelvo a repetir, que no se meta con brochas ni pinceles de cabra cortados ni de pexe, sino con pinceles de vero y de punta, grandes o pequeños, conforme fuere el espacio; y la envolvedera sea muy blanda y suave.
…..Y no tengo por malo mojar el pincel en el de espliego cuando se va pintando, porque ayuda a rebeberse.

Palomino describe cómo se fabrican los pinceles, el capítulo por su extensión no quisiera reproducirlo aquí, pero sí un pequeño resumen, en donde entre al menos la construcción del pincel.

Y así, cortado, que sea el pelo de cualquiera de las pieles, que hemos dicho (lo cual ha de ser por junto a su mismo nacimiento) se ha de tomar de él la porción, que corresponde a el tamaño del pincel que se quiere ejecutar, y meterlo por la parte del corte en un dedal cerrado de los de latón; y allí con el dedal se dan unos golpecitos, hasta que se siente bien el pelo en el hondo; y después se saca , asiéndolo bien por las puntas, y se sacude aquello corto, que tuviere, y con un peinecito delgado se peina, para sacar aquella borrilla, que siempre tiene en la cepa; luego se vuelve por las puntas, y se mete en el dedal; y haciendo la misma diligencia, hasta que se siente en lo hondo, se saca, y se peina también por aquella parte, y se vuelve a emparejar por las puntas en el dedal; y sacándolo con ucho cuidado, porque no se desiguale, se ata curiosa, y apretadamente con seda cruda, o delgada encerada, o hilo de pita, con el lazo, que llaman del puerco: y dando sobre él otro nudo bien fuerte, se corta la hebra, y se le da otra atadura más hacia la cepa del pelo; procurando siempre, que quede lo más largo, que se pueda hacia las puntas; de esta suerte se van haciendo unos cuantos atados mayores, o menores, como se quiere, o lo admita la calidad del pelo; y entre tanto se tiene en agua los cañones, que se han de ocupar, para que estén dóciles y correosos, y no se abran a el atacar el pelo, si viene premioso……..
……..Las astas para ellos se hacen de una tercia de largo con poca diferencia, redondas, y lisas, y en el grueso correspondiente a los pinceles, a que se han de aplicar; de manera, que por la parte donde ha de entrar el pincel, no estén agudas, sino de suerte , que entre algo ajustado, para que esté firme; pero por la parte de abajo han de acabar las astas agudas; así porque teniéndolas en la mano izquierda, no ocupen mucho, como porque se aparten por arriba los pinceles, y no se hunten unos a otros, y se halle fácilmente el que se busca…..
…..Las brochas son de cerdas de jabalí, que vienen de Flandes, y son las mejores, y más suaves. Estas se hacen emparejando el pelo por la cepa en un crisol de platero, o en una jicara (según la cantidad, que corresponde a el tamaño de la brocha, que se quiere hacer) y después tomarlo por las puntas, y peinarlo con los dientes gordos del peine, para que salga la borrilla, y pelillos viciosos, que siempre tiene; y luego se empareja por las puntas, y se vuelve a peinar, y a emparejar otra vez; y hecho esto, se toma en la mano izquierda por las puntas con mucho cuidado, de que no se desiguale, y con la derecha se la mete el asta en el medio, hasta donde ha de llegar la atadura, y ésta se le da con hilo de cartas, guita, o bramante ncerado, con el lazo que dijimos del puerco, dejando como una cuarta de hilo en el cabo más corto, para doblarle hacia la parte por donde se ha de continuar la atadura, para que a el fin de ella quede una lazadilla, por donde se mete el otro cabo, y tirado del que quedó abajo, hasta que la lazadilla se lleve tras sí el otro cabo, dejándolo incluido dentro de las roscas de la atadura, quede la brocha concluida, y perfecta; cortando después con tijeras las cabecillas desiguales, que quedan por la parte de abajo. Y prevengo, que las brocas para el óleo han de ser más cortas, y que tengan brío: mas para el temple, y fresco han de ser largas y romas de punta, no chatas, salvo las grandes, para meter la tinta general.

Ya Palomino nos comenta en el capítulo que describe la vida de Diego Velázquez , como el pintor utiliza los pinceles, en el retrato de Pulido Pareja dice:

Es del natural este retrato, y de los mas celebrados, que pintó Velázquez,y por tal puso su nombre, cosa, que usó rara vez: hizóle con pinceles, y brochas, que tenían de astas largas, de que usaba algunas veces, para pintar con mayor distancia, y valentía; de suerte, que de cerca no se comprendía, y de lejos es un milagro…..

La utilización de los pinceles largos desde atrás es muy común en los pintores venecianos, que dan con menos dificultad las pinceladas cortas, para encontrar así la armonía de los colores y vibraciones de tonalidad.. Este método puede ser que también lo utilizase El Greco.

En el tratado de Riffault en el capítulo sobre las brochas y los pinceles comenta:

Llámese brochas á una especie de pinceles de cerda de jabalí ó de puerco atadas a la estremidad de un palo. Estas cerdas deben estar casi en forma de cilindro, perfectamente iguales en su estremidad, de modo que presenten una superficie plana.
Media hora antes de usarlas se ponen en agua, lo cual produce el efecto de apretar la cuerda que las une, y hace más difícil el que se desprenan las cerdas. En seguida se escurren el agua de la brocha, y entonces puede emplearse en el uso que se quiera, sea á la aguada ó al óleo.
Lo mismo pueden mojarse las brochas que se han usado á la aguada, pero no convendría hacerlo con las que se han usado al óleo.
Los pinceles se hacen comunmente con pelo de tejon y de una especie de ardilla (petit gris). Se meten en cañones de pluma de diferentes gruesos, habiéndolos entre ellos sumamente finos. Los buenos pinceles no deben doblarse, y han de formar una punta bastante unida cuando se juntan. Ha de cuidarse de lavarlos siempre que se concluyan de usarlos.
Se llama pincelero un vasillo de cobre ú hoja de lata llano por debajo y separado en dos por na chapa colocada en medio: en una de estas divisiones se pone aceite ó esencia para lavar los pinceles, los cuales se escurren despues entre los dedos para que caiga el aceite con los colores que desprende del pincel en la otra parte del vaso.

Leonardo en el Codex Madrid I describe como limpiar los pinceles:

Para limpiar pinceles.
Lejía de ceniza de roble y luego cal viva y un poco de piedra de alumbre.

Recondando las ocho estanzas que Pablo de Céspedes (1548-1608) describe con toda precisión los instrumentos necesarios del pintor:

Pinceles

Será, entre todos, el pincel primero
en su cañón atado y recogido
del blando pelo del silvestre vero,
(el bélgico es mejor y el más tenido):
Sedas el jabalí, cerdoso y fiero Brochas
parejas ha de dar el más crecido:
será grande, o mayor, según que fuere
formando a la ocasión que se ofreciere.

Tiento

Un junco que tendrá, ligero y firme entre dos dedos la siniestra mano,
do el pulso incierto en el pintar se afirme,
y el teñido pincel vacile en vano:
de aquellos que cargó de Tierra Firme
entre oro y perlas, navegante ufano Astas de los
de ébano o de marfil, hasta que se entre pinceles
por el cañón, hasta que el pelo encuentre.

Tablilla

Demás, un tabloncillo relumbrante del árbol bello de la tierna pera,
o de aquel otro que del triste amante
imitare el color en su madera:
abierto por la parte de delante,
do salga el grueso dedo por de fuera;
en él asentarás por sus tenores
la variedad y mescla de colores.

Losa

Un pórfido cuadrado, llano y liso,
tal que en su tez te mires limpia y clara,
donde podrás, con no pequeño aviso
trillarlos en sutil mixtura y rara:
de tres piernas la máquina la máquina de aliso, Caballete
de la una a la otra poco más que vara,
las clavijas pondrás en sus encaxes,
donde a tu mano el cuadro alces o baxes.

Regla

De macizo nogal y sazonado derecha regla, que el perfil recuadra;
tendrás también, de acero bien labrado Escuadra
(no faltará ocasión), la justa escuadra,
y el compás del redondo fiel trabado Compás
a quien el propio nombre al justo cuadra,
que, abriéndose o cerrado, no se sienta
el salto donde el paso más se aumenta.

templar colores

Demás desto, un cuchillo acomodado cuchillo para
de sus perdidos filos ya desnudo, que encorpore el color, y otro delgado
que corte sin sentir, fino y agudo, otro agudo
los despoxos del páxaro sagrado
cuya voz oportuna tanto pudo
de la tarpea roca en defensa
cuando tenerla el fiero Gallo piensa.

Colores

Sea argentada concha, do el tesoro en sus
creció del mar en el extremo seno, conchas dentro y
la que guarde el carmín y guarde el oro, fuera del agua
el verde, el blanco y el azulsereno.
Un ancho vaso de metal sonoro
de frescas ondas transparentes llenos
de molinos a olio, en blando y frío
del calor los defienda y del estío.

Barniz

Una ampolla de vidrio cristalina que el perfecto barniz guarde, distinta
de otra do se conserva y do se afina
olio, con que más cómodo se pinta Aceite,
con éstas, otras que, a la par, destina
a la letra y debuxo oscura tinta Tinta
de caparrosa hecha, agalla y goma
con el licor que da la fértil Soma.









En la siguiente entrada comenzaré por un pequeño estudio sobre los pigmentos

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