viernes, 27 de marzo de 2015

LA PINTURA MURAL parte 1ª







Después de mucho tiempo, y gracias a mi jubilación podré escribir poco a poco algunas cuestiones que siempre me han interesado y así pueda contribuir algo de mi experiencia en pintura mural, después de 40 años restaurando...cómo pasa el tiempo!!!!

Hoy la primera parte de pintura mural

Características.

           1.- Los criterios que se deben seguir en toda intervención restauradora, por amplia o pequeña que sea, tienen que realizarse con un planteamiento previsto por la propia experiencia del equipo multidisciplinario que lo componen.
 
          2.- El restaurador,  gran observador de las diversas técnicas de otras épocas es el técnico adecuado para el levantamiento de un informe preventivo de la conservación de la obra.
  

           Ante esta cuestión, dichos informes deben realizarse sobre un primer interrogante: 
a.- Qué materiales la constituyen y por consiguiente, las diversidades de técnicas que subsisten en esta difícil técnica, que a su vez, no puede ser valorada paralelamente a otras formas de pintura.  
 


       La pintura mural es un método muy poco estudiado por estar integrada  siempre en el arte arquitectónico y no como elemento aislado, sino como soporte decorativo y parte de la propia arquitectura del edificio. Así encontramos que la pintura mural española e iberoamericana han sido las técnicas menos estudiadas, y solo podríamos decir que, lamentablemente no ha ocurrido con otras como la italiana o bizantina.


           La pintura mural, como ya hemos dicho, es un elemento del arte arquitectónico y en consecuencia ligada a la pared o muro de un edificio. Es parecido a la diferencia que existe entre una pintura con su marco, y en el caso de la pintura mural, que no lo necesita, sería su propio entorno arquitectónico, o en algunos casos una ilusión pintada para separar la escena de un ciclo o una imitación de un retablo, que se denominaría trampantojo.

           La pintura mural si pierde su unión con la arquitectura, perdería su objetivo y se convertiría en un simple panel pintado. Separar estos elementos, (pintura mural y arquitectura), significaría romper toda unidad histórica y estética. Uno de los ejemplos más significativos serían las pinturas trasladadas a un Museo, rompiéndose su entorno arquitectónico con el que fue creado, y permanecería bajo la frialdad e incomprensión de las líneas limítrofes que componen la imagen.
    
           La obra arquitectónica solo puede ser considerada completa si acompaña toda su decoración policroma. Que para nuestra desgracia, no se entendió así en el siglo pasado, donde fueron arrancadas numerosas pinturas de las iglesias pirenaicas de Cataluña ( N.E.  de España ) para su posterior traslado a museos o en Castilla, como las de Maderuelo, hoy repartidas entre el Museo del Prado y distintos museos de EE.UU, cambiando así  el concepto para el que fueron concebidas y rompiendo toda unidad estética e histórica.



           
La relación de la pintura mural como espacio pictórico con el arquitectónico, existe desde muy antiguo, recuérdese a las pinturas murales de las tumbas de los antiguos egipcios y que se ha desarrollado hasta nuestros días. La pintura mural nunca debe ser entendida de una manera generalizada  sino estudiada aisladamente acompañada con los principios de cada estilo arquitectónico con que fueron creados. Por lo que solamente prestaremos atención histórica a la importancia iconográfica de la imagen y de su espacio arquitectónico a los que el gran historiador Paul Philippot denominó Umbrales. Esto es: métodos de ilusionismo pictórico que eran utilizados desde la antigüedad  y servían para dar ritmo a los espacios arquitectónicos o como marco para la imagen pictórica que se relaciona intrínsecamente con la arquitectura.
     
    Es parecido al color de un muro, que está considerado como la representación de un espacio coloreado exterior en una arquitectura, ya sea en la mampostería o enfoscado, y que fueron utilizados en casi todas las épocas. Estas técnicas, como ejemplo el estuco romano, donde a veces quedan pequeños restos arqueológicos, hacen que el restaurador sea el técnico adecuado para su reconstrucción, por ser un especialista que comprende perfectamente el desarrollo del criterio de intervención, por lo que tanto el color como textura de la superficie de una pintura mural no pueden separarse del contexto para el que fue creada, para evitar que se forme un muro con “ un esqueleto abstracto”. 


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