viernes, 3 de noviembre de 2017

Técnicas en pintura mural desde la Prehistoria hasta el siglo XX.


 Prehistoria.-

           Hasta ahora según los estudios efectuados, las primeras pinturas murales que se conocen datan del periodo Auriñaciense, a principios del Paleolítico superior, 30.000 años AC.

           Las representaciones son impresiones de manos sobre las paredes de las cuevas, tanto en positivo como en negativo. Se cree que el primer tipo, se realiza introduciendo la mano en colorante líquido: sangre o tierra roja, para posteriormente hacer la impresión, mientras que el segundo, se realiza cubriendo la superficie rocosa con grasa y a continuación se sopla con un tubo proyectando el pigmento seco y en polvo, siguiendo el contorno de la mano. Los pigmentos más antiguos que se conocen son el ocre rojo y con posterioridad el negro de carbón.

           Más adelante en el período Magdaleniense, la pintura paleolítica alcanza su mayor desarrollo, como bien recordamos en las cuevas de Altamira o las de Lascaux. Los artistas de esta época utilizan como pigmentos naturales de hierro y manganeso, hematies y limonita, oscilando su gama de color desde el ocre oscuro hasta el amarillo, a los que hay que añadir el negro tanto de carbón como de hueso.

           Estos, finamente triturados se almacenan en conchas y huesos huecos. Se cree que los pigmentos eran aplicados sobre la pared con aglutinantes como la grasa, el suero sanguíneo, la orina, el huevo o la leche.  Estos últimos se mezclan con los pigmentos y se aplican con brochas confeccionadas con plumas o palos desflecados en uno de sus extremos o como con anterioridad dijimos con un tubo, con el fin de dar un aspecto difuminado, aunque un examen minucioso que se ha efectuado recientemente, prueba que es improbable que en las cuevas de Lascaux, se aplicasen con brocha,

           En estas cuevas existe en la pared una corteza de carbonato cálcico formada a lo largo de muchos siglos por una lenta migración del mismo a través de la roca cristalizando en la superficie. Los pigmentos pueden haber sido aplicados en seco sin ningún medio sobre este soporte, posiblemente húmedo, de tres maneras distintas: la primera,  impregnando de pigmento una piedra para después delinear sobre las paredes los contornos zoomorfos, en ocasiones interrumpidas por la irregularidad de la pared, la segunda, guardando el pigmento en una concha para después soplar y pintar en gradaciones diferentes el interior de la figura y la tercera y última, consistía en aplicar directamente los pigmentos mediante una esponjilla de pellejo húmedo. 

           La migración del carbonato cálcico a través de la roca fijó la pintura como si se tratara de un fresco, pero las fisuras y porosidades de muchas de estas cuevas, provocadas por las condiciones climáticas, en especial la humedad, no sólo están deteriorando las pinturas sino y lo que es más importante, las están haciendo desaparecer por el propio engrosamiento del carbonato cálcico.

           En el Neolítico, comienza ya a asociarse la pintura con la arquitectura, puesto que las superficies irregulares de las rocas fueron sustituidas por paredes niveladas y construidas por la mano del hombre, a las que se le aplicaba arcilla a modo de revoco, para más tarde pintar sobre ellas.

           La aparición de la arcilla, al principio en forma de ladrillo crudo o adobe y posteriormente de ladrillo cocido o cerámica, se convirtió en uno de los soportes más importantes para la aplicación de la pintura.




Auriñaciense/coperigodiense (entre 35.000 y 19.000 a.C.) 

Solutrense o Magdaleniense (entre 19.000 y 9.000 a.C.)

StumbleUpon.com

Facebook

Perfil de Facebook de Antonio Sánchez-Barriga