viernes, 9 de marzo de 2018





PINTURAS MURALES DE LA TUMBA DE LA REINA NEFERTITI c. 1320-1200 a.C

EGIPTO

           La técnica de la arcilla fue muy perfeccionada por las culturas agrícolas donde los ríos proporcionaban el material idóneo para la realización de los morteros.  Es evidente que tanto en Egipto como en Mesopotamia, la mezcla de sedimentos de río con paja  fortalecía los morteros al secarse.

           En la época Predinástica, dichos sedimentos, procedentes del Nilo y sus afluentes, se componían de arena y arcilla con pequeñas cantidades de carbonato cálcico y yeso, aunque también existían otros de mejor calidad provenientes de los valles de las colinas, que hoy en día siguen utilizándose con el nombre de Hib,  y que consisten en una mezcla de arcilla y cal.

           Una vez visto esto, podemos decir que las pinturas murales egipcias se efectuaban con dos tipos de preparados de morteros, dependiendo de los soportes utilizados: si éste es piedra lisa se da una capa de yeso, pero si la piedra es irregular, se igualaba con una capa de sedimento con trocitos de paja y sobre éste la capa habitual de yeso.

           Según Lucas, químico y gran conocedor de materiales egipcios, afirma  que esta capa de yeso está casi siempre formada por sulfato y carbonato cálcico. Cualquiera de estos dos elementos y en una proporción de un 20% es suficiente para la provocación de un fraguado. Aunque P. Mora indica que, también se puede pensar, que el polvo de cal es añadido al yeso para aligerar el mortero, pero lo más seguro es que el yeso es el elemento principal del fraguado en los morteros egipcios.
  
           La técnica que comúnmente se utiliza, aunque existe debate entre diversos autores, es :

           Se aplica sobre el muro de piedra o sobre una cama de arcilla y paja un enlucido de 2mm de grosor, a veces en dos capas lisas, la última de buena calidad.

           Gracias a los numerosos testimonios que los antiguos egipcios nos han dejado: pinturas inacabadas, material de trabajo diferentes, etc. Se ha podido estudiar con más detenimiento la técnica. Generalmente el artista realizaba una cuadricula en color rojo, sobre un enlucido fresco, determinando las proporciones de las figuras y de los jeroglíficos. Sobre esta cuadricula se realizaba en rojo el dibujo, y a veces corregido en negro. Se aplicaba los colores, generalmente a la tempera, planos, añadiendo con posterioridad los detalles y contornos. A alguno de estos colores se les daba brillo con barniz o cera al calor

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