lunes, 24 de septiembre de 2018





Roma.

  Podríamos decir que la pintura en Roma desde sus comienzos es una continuación de la etrusca del siglo IV a C. Una técnica donde se pule el enlucido final y sobre él es pintado al fresco. En los interiores de las estancias se pintan en sus muros con la técnica al fresco, imitación de placas de mármoles y molduras e insertados en sus centros escenas, generalmente mitológicas, con una perfección y técnica que la réplica se convertía en autentica.

 Pintura etrusca

La técnica al fresco era muy peculiar, con seguridad seguía el mismo sistema etrusco, que podemos ver en Creta o en otras zonas de Italia.
Se aplicaba una primera capa de cal y arena, que servía para rasar la pared, la segunda capa, era dada ayudado por una cuerda o una escuadra para la búsqueda del nivel, era mucho más fina e iba con una mezcla de polvo de mármol. Una vez aplicada y mordiente, se alisaba perfectamente mediante frotación hasta darle el brillo de un espejo. La última tarea era el empleo de los colores, sobre el enlucido fresco se daba directamente con los pulidores. Estos, aunque se desconoce su forma, deberían ser unos instrumentos duros, que como se puede apreciar sobre la superficie de la obra, deja marcas verticales de 6 - 8 cm. de ancho, debería ser parecido a una espátula con la punta curva.
 Vitruvio añade en su descripción, que se bruñe con arcilla o polvo de mármol, este tipo de arcilla, que ya se utilizaba en el antiguo Egipto, es parecido a los acabados en la manufacturación ceramista: el engobe.



Decoración ilusionista imitando una puerta. mide 167x181 cm, pertenece al llamado IV estilo. Pompeya, Casa de Meleagro

Este enlucido final y última capa finísima, pulida con la arcilla, ha dado en la analítica química la composición de sílice y aluminio, que es el mayor componente de la arcilla. Casi todos los colores que se utilizaron eran componentes arcillosos, como los ocres, las tierras rojas, las tierras verdes y los blancos, y si en su caso no lo eran como el Cinabrio y negro, se le añadía caolín para convertirlos en arcillosos.
Hay que entender aquello que el propio Vitruvio describe, los colores se aplicaban como si fuese un enlucido y no dados con pincel, fijándose el color por las mismas propiedades de la cal: una carbonatación. Dándonos a entender con esta operación que esta técnica se puede denominar pintura al fresco. Y como muy bien nos decía Paolo Mora, el final es un brillo graso característico de la mezcla, que a veces se confunde erróneamente con la cera.
 Esta equivocación viene desde el siglo XVIII, se confundió el brillo de las pinturas Pompeyanas con encáusticas, puede ser que confundiendo con la tradicional egipcia. Otros autores entendieron, en esta misma época, que los fondos sí se ejecutaban al fresco y las terminaciones de figuras, etc. eran a la encaustica ó tempera sobre la base ya seca, y desde luego no es así, como hemos dicho antes se realiza todo al fresco.
 Más adelante el pintor Berger, hacia 1904, retoma el asunto: Una vez efectuado el pulido es imposible realizar sobre el enlucido otra pintura que solo se mezcla con agua, a no ser que se ejecute con un aglutinante. Recordando la técnica de ganosis: El pulido con cera y aceite caliente, sobre el enlucido seco y pulimentada con un paño de lino. Y así lo describe Vitrubio:

    43. Pero si otro mas experto quisiere que el bermellon retenga su color en el enlucido, quando la pared estuviere ya pintada y enxuta se la dará con brocha un baño de cera Púnica derretida al fuego con un poco de aceyte. Luego poniendo fuego en un braserillo de hierro, se irá llevando con destreza cerca de la cera, obligandola a sudar é igualarse. Finalmente se estregará con una candela, y con pedazos de trapo limpio, como se hace con las estatuas de marmol desnudas. Esta operación en griego se llama caysis. De este modo la mano de cera Púnica no dexará que los reflexos de la luna, ni los rayos del sol chupen el color de las paredes pintadas.

 La técnica pictórica del estuco pulido y abrillantado, que muy bien describe I. Gárate en su libro, que ya se utiliza desde antiguo. Y tanto Plinio ( XXI, 49 ), como Vitrubio ( VII, 9 ), nos la trasmiten, pero nunca nos comunica que la cera es utilizada como aglutinante, sino como protección de los colores y sobre todo el cinabrio. Y Plinio, solo redacta la técnica como protector de paredes. Pero Berger insiste, que el pulido final de las pinturas murales romanas, interpretando que faltan puntos en los textos antiguos, que así lo especifiquen, se efectúa con un pulido de cal y jabón, derivado del aceite de linaza saponificado, y finalizando con lo ya descrito del pulido a la cera.   
 En los años 50 S. Agusti, reconstruye la técnica romana de Pompeya de la siguiente forma:
 El enlucido se componía de cal y calcita y sobre esta se aplica a secco un enlucido delgado de cal, jabón de cal, cera y tiza. Después se realizaba el pulido mecánico. Los colores iban mezclados con esos aglutinantes diluidos, a su vez, en agua. Formándose la carbonatación de la cal, como en el fresco.


 Decoración de arquitectura con frontón y motivos florales. Siglo III del llamado estilo final. Pompeya. Casa de Lucretius Fronto

 P. Mora rechaza esta teoría, no solo por no ser descrita en ningún texto, sino que, si la cera hubiese sido aglutinante de la pintura, desde luego en Pompeya o Hecolano se hubiese diluido con las altas temperaturas de la erupción volcánica del 79 d.C. e incluso hubiese provocado cambios determinantes en los pigmentos. Los restos de cera que encuentra Agusti, en las pinturas son de la ganosis, que protege la capa final y no del aglutinante.
 Aunque existan otras técnicas como cal y caseina, o leche en las mezclas de estas épocas, siempre se puede decir que las pinturas al fresco era una técnica normalmente extendida en la pintura mural romana que muy bien describió Vitrubio y Plinio.

    En el Libro VII, capítulo III del libro de Vitrubio dice con respecto a la pintura al fresco:

    13. Terminadas las cornisas, se dará la trulisacion (primera mano de revoco que se daba a las paredes para sacar su rectitud, llenar los huecos y desigualdades. Se llama así por utilizar la trulla, que es la llana latina. La mezcla que se utiliza es de cal, arena y ladrillo molido),  á las paredes, las quales deben quedar muy ásperas y escabrosas. Al secarse la trulisación se extenderá sobre ella el arenato (mortero de cal y arena), sacando la rectitud horizontal de las paredes a regla y tendel, y la vertical con la plomada y la de los esconces con la escuadra. De esta forma se preparará una superficie correcta para ser pintada. Al secarse se repetirá segunda y tercera capa: pues quanto mayor cuerpo tuviere este jaharrado, tanto más sólido y permanente será el enlucido. Despues de las tres capas de arenado encima de la trulisacion, se extenderá una mano de mortero de cal y grano de marmol, batido al amasarle hasta que no se pegue á la batidera, y el hierro salga limpio de la pila. Al secarse esta mano, se dará otra de estuco compuesto de grao mas fino: y despues de bien manejada y pulida, se extenderá la tercera de estuco todavía mas fino. De esta manera, constando el enlucido de tres capas de arenado, y otras tres de estuco, quedará libre de quiebras y otro qualquiera defecto. Asi mismo, batida la trulisacion con mazuelas hasta su perfecta consolidación, y bien lustroso el manejo el candor del estuco, resaltará con hermosura los colores que se le sobrepongan.

14.Empleados los colores sobre el estuco todavía fresco, no se van; antes bien permanecen siempre, por razón de que la cal, perdiendo en el horno la humedad de la piedra, y quedando porosa y ligera, por la gran sed que tiene arrebata á sí las cosas que la tocan, y uniendose sus diferentes principios en un cuerpo sólido de qualquiera figura que sea, despues de seca vuelve á su primer estado, pareciendo recobra las calidades de piedra.

15. Por esto los enlucidos bien executados ni la vejez los vuelve escabrosos, ni aunque se estreguen al limpiarlos dexan sus colores, á no ser que se hubiesen dado sin inteligencia y en seco; pero si se hicieren con las reglas sobredichas, tendrán firmeza, lustre y larga permanencia. Al contrario si se hiciese de una sola mano de arenado, y otra de estuco fino, se quiebran facilmente por su poca fuerza, y no reciben el brillo y el lustre que les concilia el pulimento, por la demasiada sutileza de su cuerpo. A manera de un espejo de plata, si su lámina es muy delgada, no puede recibir vivo y exacto pulimento; y al contrario el que costare de plancha mas sólida, admitiendo firme bruñido, da claras y distintas imágenes que se le presentan: del modo mismo los enlucidos sutiles y de poco cuerpo, no solo se resquebrajan , sino que tambien brevemente se desvanecen. Pero los que reforzados de cuerpo con las repetidas capas de arenado y estucos, como van aumentando en solidez, y recibiendo todo el pulimento de la mano, no solamente salen lustrosos, sino que aun representan los objetos que se le ponen delante.

16. Los estucadores Griegos  hacen durables sus enlucidos, no solo siguiendo este método, sino que aun ponen cal y arena unidas en un mortero, y con majaderos de madera baten la mezcla, y no la emplean mientras no está perfectamente pastosa. Por eso algunos, recortando costras de enlucido de las paredes antiguas, hacen aparadores; y adornan el enlucido de sus paredes con la alternativa de dichas costras, y de espejos un poco realzados.

P. Mora, finalmente nos describe la técnica de la siguiente manera:

La pared es cubierta por un mortero de cal y arena o de cal y puzzolana (ladrillo molido), allanada con un nivelador de madera de textura tosca (trulla), para facilitar la adherencia del enlucido. A partir del Segundo estilo la composición se dibuja con una sinopia, que proviene de la técnica del mosaico. El enlucido donde se va a realizar la pintura, es ejecutado en capítulos, ( pontate ), o secciones de 2 m de altura o las diferentes alturas que producían los andamios. Normalmente son tres las secciones visibles, separadas por dos juntas horizontales, correspondiendo al sistema decorativo de la pared, teniendo las dos secciones superiores la altura de un hombre y la inferior 1 m. aproximadamente. El enlucido se extiende a lo largo, un máximo de 6 m. Sobre el enlucido ya alisado, que normalmente estaba formado por dos o tres capas, dibujaba el artista sus líneas de construcción, a menudo estampando una cuerda, dejando la huella sobre el enlucido fresco.

 Como hemos dicho, el secreto del pulido de las pinturas romanas debe residir en la utilización exclusiva de pigmentos arcillosos o en la suma del caolín en su manufactura. Pero para no emborronar las figuras con respecto a los fondos, el pulido debería ser ejecutado con un cálculo de tiempo. Como hemos explicado, ya que el fresco reacciona al secarse endureciéndose, desde la superficie hacia el interior, debería realizarse cuando la superficie estaba lo suficiente dura para que resistiese la operación. Los empastes quedarán ligeramente hundidos en el enlucido y la pincelada parece esfumada en el plano de la pared.
         En la transición al tercer estilo muestra la distinción entre fondo y la decoración superpuesta, que se hace cada vez más evidente, gracias a las técnicas de pulido más refinada... Este enlucido pulido era la preparación para los elementos decorativos como: columnas, capiteles, bordes, etc. que se preparaba con otro pulido, ejecutado con gran presión, por lo cual provocaba un hundimiento de unos 6-8 cm., visible con luz rasante, por lo que nos da una idea de la anchura del instrumento utilizado.  El objetivo de este procedimiento es la de forzar al hidróxido cálcico disuelto que aflore a la superficie, asegurando un buen fraguado del fresco.



La Caída de  Ícaro, 30 x 50 cm y pertenece al llamado IV estilo. HERCOLANO

 Más adelante la pintura romana evoluciona a nuevas técnicas con pequeños cambios en la ejecución de las escenas figurativas, llamado tercer estilo. Las pequeñas escenas como paisajes se realizaban a pincel directamente sobre la base pulida para integrarlas sobre los fondos. En cuanto ciertas figuras en los fondos, eran dibujadas previamente con un punzón y realizadas con pincel, sin pulirlas, se dejaban que resaltasen sobre el fondo con un suave resalte de empaste.
           A medida que avanzamos en el tiempo, se irá abandonando de manera sistemática el pulido de los enlucidos, gracias a la influencia neo-helenistica, el gusto por el empaste y el desarrollo de una pintura más densa. La pintura ya no era absorbida por la superficie transparente de la pared pulida, emergía de ella.


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