miércoles, 20 de mayo de 2020


     JUAN DE BORGOÑA EN LA SALA CAPITULAR DE LA CATEDRAL DE TOLEDO I

Las pinturas murales de la Sala Capitular de la Catedral Primada están realizadas por Juan de Borgoña (¿-1536) ayudado por colaboradores de su obrador y construida bajo el patrocinio del cardenal Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517). La dimensión de la sala es de 13,82 metros por 7,60 metros de ancho, y una altura de 8,72 metros y una profundidad máxima en su clave de 0,98 metros desde la imposta del artesonado. Un año antes y a lo largo de 1508 Luis de Medina, Diego López y Alonso Sánchez ejecutaron la pintura y el dorado de los 56 artesones, enteros y medios de la armadura, mientras las pinturas de Borgoña se ejecutaron desde 1509 hasta 1511 como indican los documentos, pero desde la aprobación de los diseños por el Cardenal Cisneros, la adecuación arquitectónica de la sala y la ejecución de las 12 historias de la Virgen, con toda seguridad durarían un tiempo más.
Las 12 historias restauradas se relacionan con la preservación del pecado y su virginidad, prólogo al sentimiento de la Virgen Inmaculada, que se vincula con la defensa que hiciera San Ildefonso de la pureza de María, gran devoto de la Inmaculada Concepción, doce siglos antes de que se proclamara el dogma. En la base de estas escenas, el Episcopologio o retratos de los arzobispos.
El primero que descubre las autorías de las pinturas es el canónigo obrero de la Catedral, Francisco Pérez Sedano que recopilando documentos de archivo sacaron a la luz el autor de las pinturas de la Sala Capitular y sus pagos. Desde aquí numerosos historiadores han aportado una larga lista de noticias e ideas sobre el estilo y nada de la técnica pictórica de Borgoña. Aunque los innumerables repintes, unos sobre otros, realizados a través del tiempo han desvirtuado la imagen de las pinturas, y consecuentemente se han planteado muchas dudas sobre la personalidad y estilo de Borgoña.
A lo largo de los quinientos años que separan la realización de las pinturas hasta nuestros días, han sido muchos los intentos de mejorar sus colores y “desconchones”, que las oscurecieron con repintes y “lavados” indebidos, que en definitiva ocultaron la verdadera belleza de sus muros.  Intervenciones que se hicieron patentes ya en 1586 por el pintor Blas de Prado en la escena de la Asunción de la Virgen, que hasta ahora se había creído que fue una restauración completa y por el estilo hemos contrastado que la parte inferior se acerca mucho más al original de Borgoña. Pensamos que se debió a escorrentías de agua que emanaron desde el piso superior, que estaba dedicado a la cerería. lugar que servía para la fabricación de velas. Más tarde el pintor de la catedral, Francisco de Aguirre, lo volvió a restaurar hacia 1646, repintando y rehaciendo muchos de los querubines y la cabeza de la Virgen.
Sabemos que Aguirre continuó trabajando en otras escenas con lavados, que en esas épocas se realizaban con cenizas en agua, que forman un alcalí o coloquialmente lejía. También frotaban los muros con agua y piedra de caliza blanda, en los intentos de eliminar el negro de humo, aceites y barnices que eran aplicados años tras años. Ya en el siglo XVIII se intenta resurgir los colores ya muy oscurecidos repintando fondos, rehaciendo diversas zonas y rapando y retocando los paños azules con óleo de azul de Prusia y, por tanto, ocultando los bellos azules, carmines y verdes que correspondían a los colores originales de Borgoña. Además, durante mucho tiempo era muy común las “mejoras” de las escenas aplicando capas de aceite y cola orgánica en todas las superficies de manera desordenada.








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